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Vivir del cuento 13 - Temet nosce
Sobre los peligros de vivir sin estructura y acabar muerto de cirrosis o diabetes Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento...
Sobre los peligros de vivir sin estructura y acabar muerto de cirrosis o diabetes
Nota: Archivo
Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.
Este fin de semana he estado solo en casa. Cuatro días en total.
Pero como ni me llamo Kevin, ni tengo 8 años, ni me han asaltado la casa delincuentes humorísticamente incompetentes, no ha sido tan divertido como la película.
Para haceros una idea, en resumen, la situación es que mi pareja quería irse a ver familia y yo voy un poco (mucho) de culo de trabajo y además a mí ir a ver a mi familia ya se me hace pesado así que imagínate a la suya, y tal, bueno. El caso, que los he llevado (a ella y a mi hijo) a la estación de tren y me he mentalizado para un puente de productividad máxima.
Comida en la nevera, aire acondicionado, paz, silencio y libertad absoluta de horarios y rutinas.
¿Suena ideal para darlo todo, no?
Pues depende.
Para algunos, seguro que sí.
Para mi, esto fue el sábado:

El "Screen Time" del iPad esta ahí para recordarme que soy un mierdas
Me he pasado los días asaltando la nevera sin control, viendo basura algorítmica en el YouTube e ignorando peligrosamente el concepto de higiene.
Al final, a base de fuerza bruta y horarios intempestivos, he conseguido sacar unas escasas diez horas de productividad de estas 96 horas de hipotética libertad.
Mejor que nada. Sí.
Pero, contra toda intuición, peor de lo que hubiese hecho con la familia en casa, forzado a la rutina de un niño de tres años, preparando comidas y cenas, teniendo que salir de casa a comprar y al parque y las chorricientosmil cosas que hago un día normal de mi vida.
La falta de estructura y de rutina han sido mi perdición. Y de eso hablaremos hoy.

Neo mirando un cartel encima de una cortina de bolas de asiento de taxista
El título de esta newsletter, temet nosce o nosce te ipsum, es la traducción en latín de un aforismo griego escrito en una pared hace unos dos mil quinientos años, que se dice pronto.
γνῶθι σεαυτόν pondría allí, supongo.
"Gnóthi seautón".
En cristiano, "Conócete a tu mismo".
Porque esta es la clave de todo. Cuando uno quiere conseguir algo debe siempre ser consciente de cuál es su camino más adecuado. De sus fortalezas y debilidades. De qué le motiva a uno a ser productivo y qué cosas le llevan a la parálisis y la depresión.
Para mí, lo tengo claro. Mi productividad viene de una rutina estricta de sueño, comida y horarios de trabajo. Viene también de tener la flexibilidad de aprovechar esos momentos de focus, lleguen cuando lleguen. Viene de tener la tranquilidad de que mis familia está bien y de poder atender sus necesidades cada día. Viene de ser feliz.
Estos días he triplicado mi ingesta calórica sin atender al reloj, entrando en un permanente coma de carbohidratos. Me he acostado cinco horas más tarde de lo habitual, destrozando mis ritmos circadianos. He procrastinado sin control, ignorando los horarios que me había establecido. He estado lejos de mi familia, sintiéndome intranquilo y falto de control.
Y todo ello me ha llevado a sentirme mal, débil, infeliz y deprimido.
Conclusión: productividad a la mierda.
¿Y por qué no he seguido mis propias directrices? Si lo tengo tan claro, ¿por qué me he desviado del camino?
Lo vemos.
Todo es mentira
Muchas veces nos dejamos llevar por aquello del productivity porn. Vemos a los gurús que levitan sobre el resto del populacho, levantándose sin esfuerzo a las tres y media de la madrugada, sacando diecinueve horas productivas un miércoles cualquiera y disfrutando cada tarde de sus familias numerosas en una playa caribeña aún que vivan en Salamanca.
Gente a la que parece que el concepto de llegar al viernes reventado psicológicamente y comerse dos kebabs a cara de perro les resulta completamente alienígena.
Queremos ser como ellos. Y nos obligamos a creer que lo que nos dicen es real. Que es todo cuestión de querer. Que a base de voluntad llegarás a su nivel.
Y es mentira. Sus vidas son mentira. Y cómo se llega a su "nivel" no depende de querer.
La realidad es que para conseguir cualquier cosa en la vida lo que necesitas son sistemas, rutinas y hábitos.
Para mi, como te decía más arriba, mi productividad deriva de ser capaz de seguir una serie de pautas cada día.
Y el ser capaz de seguirlas no depende de las ganas que yo tenga. No depende de mi voluntad. La voluntad no vale para nada. Porque no puedes confiar el ella. Porque no es más que unas hormonas en tu cabeza recompensándote, o no, por hacer algo.
Y como cualquier reacción química, el entorno en el que se produce puede cambiar dramáticamente el resultado.
Por eso mi punto de apoyo son las rutinas. Los hábitos. Y también las obligaciones. Es ahí donde hago pie, desde donde puedo impulsarme para seguir adelante.
Las obligaciones que me he auto-impuesto y de las que no me puedo escapar me llevan a seguir unos hábitos que hacen natural implementar los sistemas que, finalmente, me llevan a conseguir mis objetivos.
Sin esta compleja cadena en marcha se desmorona el castillo de naipes y me veo reducido a impulsos primarios como hincharme a comer para pasar el invierno sin gas ruso.
Si quieres que te vaya bien en la vida debes buscar esos puntos de apoyo. Y construir sistemas sobre ellos que te permitan crear hábitos que te lleven hacia tus objetivos.
Sin estructura o rutina estarás a la merced de la química.
Y tal vez te irá bien. O igual acabas alcohólico y tirándote de un puente.
Si no tienes ganas de jugar a esa lotería, te recomiendo que empieces a planteártelo.
Update #buildinginpublic
Acabo esta edición, un poco más corta por lo que te explicaba antes de haberme pasado el fin de semana encerrado en casa viendo let's plays del Baldur's Gate I, con el update semanal sobre mi progreso hacia vivir del cuento.
El foco de la semana pasada estaba en avanzar el trabajo que tengo abierto como freelancer, meterle horas a la agencia y, sobre todo, empezar a mover Twitter.
Los dos primeros estoy bastante satisfecho. He metido unas diez horas "efectivas" a cada uno y han sido de esas que marcan la diferencia.
Y sobre Twitter, vamos avanzando. No es razonable esperar ningún cambio significativo en los primeros meses o, incluso, primer año, pero al menos se empieza a ver algo de movimiento en las estadísticas respecto al mes pasado donde no estaba escribiendo nada todavía.

Ya que esto es #buildinginpublic, una captura de las analíticas
Uno de los tweets que más impresiones y visitas al perfil me han traído ha sido, curiosamente, este:
Un simple tweet de algo que hice el jueves y que programé a última hora para publicarse el viernes.
Mientras yo estaba en un chiringuito en la playa hinchándome a birras y Aperol Spritz.
Sí, lo confieso, esto tampoco ayudó a lo de la productividad del fin de semana. Pero tu céntrate en lo que te decía de las rutinas, no en si yo tenía o dejaba de tener una resaca mortal.
Volviendo al tweet, en la respuesta inmediata que puse mencionaba la URL de Plausible, un SaaS de analíticas, que era de lo que hablaba en el tweet.
Y los de Plausible me hicieron un like. Fácil que tengan un script.
Pero funcionó. Así que ya sabes, el tip de hoy: haz la pelota a marcas que tengan que ver con tu audiencia target.
Y hasta aquí hemos llegado. Espero que te haya gustado la newsletter de esta semana y que, si estás en un punto desestructurado de tu vida, mi pequeña confesión te ayude a plantearte también cuáles son, o quieres que sean, tus puntos de apoyo desde los que petarlo.
Nos leemos pronto.