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Vivir del cuento 18 - Tacatapá

Os cuento uno de mis miedos más profundos y algo de BuildInPublic sobre Twitter, pero no en Twitter. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newslette...

Os cuento uno de mis miedos más profundos y algo de #BuildInPublic sobre Twitter, pero no en Twitter.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

Tengo un defecto.

Bueno, tengo muchos. Pero quiero hablar de uno en particular.

Por cierto, eso me recuerda a un chiste. Va, te lo cuento.

Va uno al médico por los resultados de unos análisis y el médico le dice "Está hecho polvo y en mi opinión es debido a que come usted fatal".

El paciente, que no tiene ganas de cambiar de dieta, le contesta: "entiendo, pero me gustaría tener una segunda opinión".

Y el médico le dice "opino también que es usted feo".

Badum-tsss.

El caso, chistes aparte, los que decía. Mi defecto. Uno de ellos.

Es un defecto curioso.

Algunos le dan la vuelta a la tortilla y dicen que es una virtud. Perfeccionismo lo llaman. Menudos flipaos.

Es mentira. Es un defecto.

En realidad se llama pánico a quedar como un gilipollas.

Yo soy de esos que cuando graban un audio lo escuchan ellos mismos, para ver si han dicho alguna tontería.

Soy de los que cuando escriben un email se tiran veinte minutos reordenando las frases antes de enviarlo.

Soy de los que cuando escriben una newsletter la leen tres veces antes de darle a guardar.

Y unos minutos antes de que se envíe, si puedo, también.

Y, a veces, al enviarse y recibirla yo mismo en mi bandeja de entrada, también.

Porque me da miedo decir alguna barbaridad. No resultar suficientemente interesante. Parecer confuso. No demostrar suficiente interés o dedicación. No usar un lenguaje suficientemente refinado. O demasiado complejo.

Doy fé de que no todo el mundo es así. Hay gente que son el extremo opuesto.

Me gusta referirme a ellos global y cariñosamente como "gente tacatapá".

El término, ampliamente (o no) usado en la literatura del ramo de la psicología, refiere onomatopéyicamente al ruido que hace el teclado cuando escribes cuatro frases y le das al enter para enviar sin haberse si quiera registrado en tu retina lo que acabas de parir.

¡Tacatapá, enviado!

La verdad es que sufro mucho cuando lo veo. Se me pone la piel de gallina. Me dan retortijones. Me regolfa la merienda y saboreo el olor cáustico de mis propios jugos gástricos.

¿Cómo puede hacerlo? ¿Qué magia esconde esta persona? ¿Cómo puede pelársela de esa manera que se le haya colado dos LEtras en mayúsculas ahí de repente?

Sin embargo mi sufrimiento esconde envidia.

Envidia de ser capaz de responder al momento a un correo importante, sin hacer como yo y darle vueltas hasta que la oportunidad ya ha desaparecido.

Envidia de ser capaz de enseñar en una reunión de negocios un Excel sin rastro de formato u orden alguno, sin hacer como yo y perder horas y horas en una presentación excelente para algo que tal vez no llegue a nada.

Envidia de saber dónde está el límite de lo que vale la pena y lo que no. Si bien los del club tacatapá normalmente tampoco lo saben, pero por el extremo contrario.

Porque ahí está la virtud, como siempre. En la moderación. En saber si estás siendo demasiado perfeccionista. Y también en detectar si está pareciendo que te la suda el tema.

Un exceso de perfección puede resultar contraproducente. Impedir el flujo natural y los tiempos óptimos en una conversación. Hacerte perder una buena oportunidad. Llegar tarde a un compromiso.

Y no solo eso. Porque en la cantidad también hay virtud. Y valor. Ser un perfeccionista recalcitrante es impedimento habitual para ser prolífico en el trabajo y los negocios.

Ya lo he dicho aquí muchas veces: haz cosas y pasarán cosas.

Así que mejor que sean muchas cosas. A ver si alguna es la que hace que algo pase.

En resumen: sí, sé cuidadoso con lo que haces. Si parece que no tienes ningún interés o que eres analfabeto funcional no llegarás lejos en los negocios. Las formas son importantes también.

Pero tampoco te excedas. Se resolutivo y asertivo. No dediques tiempo a lo que no tendrá consecuencia. A nadie le importará si se te tropieza una letra o si los colores escogidos para tu presentación no son los ideales. Apóyate en plantillas y copia las estructuras y formalidades que funcionan a otros.

Ah, y también: no tengas miedo a quedar mal. En particular en los negocios. Hay gente que construye su carrera entera haciéndolo sistemáticamente.

Me he pasado al tercer nivel

¿Cómorl?

Me explico.

Este tema lo tengo pendiente para una futura newsletter pero os lo adelanto:

En el mundo hay tres niveles de implicación en cualquier cosa.

En particular es así en todo aquello que se refiere a la información, lo que incluye también cualquier interacción online.

En mi caso hablo, como siempre, de Twitter.

Los niveles que comentaba son los siguientes:


  1. Consumidor — Aquellos que solo reciben el objeto sobre el que estamos tratando. Son las víctimas finales del marketing. Son los que pagan el pato. Es gracias a los consumidores que cualquier sistema descentralizado. En Twitter son los miles de millones de personas que, principalmente, leen.
  2. Creador — Los que generan el objeto en consideración. Los que alimentan la rueda con cosas que consumir. Los que se meten en el bolsillo el dinero de los Consumidores. En Twitter son los que escriben contenido, echan a rodar la conversación y aportan valor.
  3. Facilitador — Los que construyen el andamiaje para que los Creadores puedan hacer su trabajo. Son los que proveen de las herramientas necesarias para que el trabajo de los Creadores sea posible. Y se llevan una mordida de lo que pagaron los Consumidores. En Twitter son el propio Twitter, pero también los creadores de herramientas como Hypefury o Chirr.

Como os decía, la novedad en mi progreso hacia vivir del cuento es que quiero hacerme un pequeño hueco en el tercer nivel.

Comenté en una newsletter anterior que he creado una marca para ello, SquareTweet. El producto al que representará está todavía en pañales. En la servilleta, realmente.

Pero mientras tanto y para echar a rodar la cosa estoy planteando pequeñas herramientas con las que familiarizarme con Twitter, sus APIs y particularidades.

Mi primera idea la comenté en un Tweet:

Embedded tweet

Por fin, después de tres o cuatro back-and-forths con onboarding tengo la aprobación para jugar con la API de Twitter con "Elevated Access".

Así que me he puesto manos a la obra con el tema. Durante la semana que viene iré comentando en Twitter el progreso y os haré un update en la newsletter del próximo miércoles.

A ver qué sale.

Y hasta aquí la newsletter de hoy

Cierro este issue confesando que son las 10:58, dos minutos antes de enviarse este correo que estás leyendo.

Resulta que no sé en qué día vivo.

Y no me ha dado tiempo a revisar lo que he escrito. Disculpad si han salido dos MAyúsculas juntas en algún sitio.

Qué ironía, socio.

Rozando el larguero.

Nos leemos pronto.