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Vivir del cuento 24 - Allegro non molto

Hoy la newsletter sale tarde porque con el puente se me ha ido la olla con el puente. Hablamos de llevar corbata, hacer movidas, cámaras rotas y beber café. Nota: Archivo Este t...

Hoy la newsletter sale tarde porque con el puente se me ha ido la olla con el puente. Hablamos de llevar corbata, hacer movidas, cámaras rotas y beber café.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

En la vida hay que saber leer las pistas no verbales. Hay que saber con quién estás tratando. Si está contigo, o más bien contra ti.

Y en los negocios esto se concreta con hechos, formas y costumbres que marcan la pertenencia al grupo adecuado.

Demuestran que eres actor acreditado y contraparte confiable.

Muestra de esto es, por ejemplo, el vestir de traje. Indicas que no estás aquí para demostrar tu personalidad. Estás aquí to play ball, que dicen los americanos. Cuando llegas a tu nuevo puesto de trabajo de consultor en traje les recuerdas a los demás que eres uno de ellos.

Lo es también el conocer la jerga adecuada. Cuando el banquero de inversión grita a su compañero que su cliente compra un yard en esta acción o que hay mucha volatilidad en el cable no solo están siendo eficientes en hablar de miles de millones o del cambio Libra/Dólar, están usando las reglas del grupo y demostrando que pertenecen.

Y es finalmente ejemplo especialmente bueno la forma en que se demuestran dos directores generales boomers que están en la misma onda y pueden fiarse el uno del otro: poniendo al final de su email "No imprima este documento a no ser que lo considere necesario, piense en el medio ambiente".

Identificativo infalible.

Empezamos.

Hablando de boomers, ¿y las ganas de gritar "fuck de police" meterle un bocao a este chicle a lo loco?

Hablando de boomers, ¿y las ganas de gritar "fuck de police" meterle un bocao a este chicle a lo loco?

Titulitis

Hablar de jerga y formas me hace pensar en el mundo de los nombres. No los motes, que ya lo comenté la semana pasada.

Tampoco los nombres propios.

Hablo de los títulos. De los puestos.

Yo, en mi empresa, ydevs, no tengo título. No soy el nada en concreto. Hago movidas.

Pocas.

¿Dispersas?

Igual el motivo es precisamente la falta de nombre. De título. De andamio dialéctico al que asirme y afirmarme. De letras de vinilo en puerta de cristal. De toblerone metálico con nombre y posición delante de mi escritorio.

Podría degradarme y nombrarme descriptivamente.

El Movidas, podría ser.

Pero he decidido que no. Porque ponerle nombre a las cosas tiene poder. Ya sabéis. Mierda bíblica. Y un poco benedictina también con aquello de que stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.

Ser El Movidas no me va.

Así que a partir de ahora, oficialmente, soy el TechnoWizard y Agente del Caos de ydevs.

Chúpate esa Elon.

Y ahora a escuchar a Vivaldi porque me sale de los cojones

Y ahora a escuchar a Vivaldi porque me sale de los cojones

Esta sección es improvisada

Como decía en el texto ese del principio de la newsletter: esta ha salido tarde porque se me ha ido la olla. Fin de semana de cuatro días, los suegros en casa, yo con una cierta ansia de poner por fin los pies encima de la mesa y verme videos antiguos de Casey Neistat yendo por ahí en patinete... el caso, que el objetivo era levantarme pronto y acabarla pero no lo he hecho.

Lo bueno es que lo de arriba, de los boomers y el technowizard, lo tenía más o menos ya esbozado.

Lo malo es que solo con eso se queda corta la cosa y son las 10:39 así que voy a improvisar.

Resulta que se me ha jodido el móvil. Bueno, la cámara. El OIS, que para los amigos es el Estabilizador de Imagen Óptico. Es lo que hace que la imagen salga mínimamente decente aún que tengas el pulso de un nonagenario deteriorao.

Y tengo un dilema. Porque se me presentan cuatro cosas a considerar:

  1. Que soy pobre de solemnidad
  2. Que quiero un iPhone porque estoy a muy atrapado en el walled garden del tío Cook.
  3. Que necesito hacer fotos con el móvil por aquello de los recuerdos bonitos de la infancia
  4. Que la Unión Europea parece que va a obligar a Apple a pasarse a USB-C en breves.

Y al final la parálisis de elección me tiene bien bloqueado. Por tanto aprovecho esta sección completamente ausente de contenido para preguntaros: ¿qué debería hacer? ¿Me compro un áifon de mil y pico pavos y alimento a la familia con piedras hervidas unas semanas? ¿Me la juego e intento reparar este? ¿Me compro una basura androide y lloro?

Para que tengáis contexto, así es como me salen los videos ahora:

Fieshtaaaaaaa. Y porque es un GIF y no se escucha, pero mientras hace esto suena como una ametralladora. Lo he quitado por si nos lee algún veterano sensible de Vietnam o de Euskadi o algo.

Fieshtaaaaaaa. Y porque es un GIF y no se escucha, pero mientras hace esto suena como una ametralladora. Lo he quitado por si nos lee algún veterano sensible de Vietnam o de Euskadi o algo.

Ya que estamos con lo de no tener nada sentido, algunos tal vez os preguntaréis, ¿qué mierdas es ese bote?

Pone pepinillos.

Pero hay agua marrón.

Y espuma.

¿Es mierda, verdad?

No. Es café. Frappé, en concreto. Buscadlo en Google. Es una movida griega. El OG del mundillo frapuccino del Starbucks.

Está bueno. Es mi nuevo vicio. Me paso el día metiéndome de estos. Y los hago descafeinados.

Este que ves no, porque es el primero del día, y el primero viene cargado de voltios. Pero los demás ya son desnataos para que no me dé otro viaje como el de la semana pasada.

El caso, creerás que es una nueva moda que he pillado de ver cualquier video de internet, como si fuese yo un jovencito influenciable. Pero no. Aspai, que yo ya soy viejuno.

A mí esto me lo enseñó un compañero de trabajo que tuve en Berlín. Griego, obviamente.

Era un tío gracioso. Además de engancharnos a todos al frappé este, Τασος, que se llamaba el señor, se dedicaba mayormente a mirar al cielo gris y lúgubre del invierno alemán, suspirar mientras volvía la vista al mustio almuerzo teutón de salchicha y tristeza y decirme "hostia no sé como puedes llevar aquí un año ya, menuda puta mierda de país, yo me vuelvo a las playas de Tesalónica a comer gyros y tomar el sol".

Y tenía más razón que un santo. En menos de un año ya me había pirado. Y él tardó poco más en hacer lo propio.

Con esto vamos a acabar la sección que me acabo de sacar de la chorra en escasos quince-veinte minutos y para no desentonar lo hacemos extrayendo con fracking una moraleja de todo lo anterior:

A veces hay que hacer sacrificios. Abandonar tu país que se ha ido a la mierda con la crisis e irte a europa central a hacer de programador para acumular dineritos.

Pero todo tiene un límite.

Porque imagínate si a nuestro amigo griego le hubiese atropellado un camión el día antes de volverse a Grecia.

Arrepentimiento hubiese sido poco.

¡Corten!

Venga, que sólo pasan tres o cuatro minutos del deadline de las once. Éxito.

A disfrutar de lo que queda de semana.

Nos leemos pronto.

Una foto de un gyros para daros hambre a media mañana, bandarras.

Una foto de un gyros para daros hambre a media mañana, bandarras.