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Vivir del cuento 28 - Morir en el intento

En esta newsletter no hablamos de nada. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre d...

En esta newsletter no hablamos de nada.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

Ante mí un desayuno proteico. 6,50€ que me dan derecho a una generosa tostada con huevo y aguacate, un zumo de naranja, un café con leche y un yogur con fruta.

No os pongo foto por dos motivos: primero, que sigo con el móvil roto. Segundo, que en lo que he tardado en escribir la frase de arriba, he vaciado ya media bandeja.

Y no es que teclee lento. Es que hoy me está costando.

Hacía tiempo que no estaba tan cerca de no escribir mi newsletter semanal. Tan cerca de decir que le den, qué más da, a tomar por culo.

Dicen que una de las desventajas de poseer una mente creativa es que esta creatividad contamina la personalidad haciéndola inestable, frágil, aliada titubeante que nos abandona cuando más la necesitamos.

Es ejemplo el ejército de artistas con colores de pelo siempre cambiantes que habitan las tiendas de ropa de segunda mano buscando un harapo que logre expresar sus gustos progresivamente más excéntricos, fruto de una desbocada creatividad que no logran encauzar.

Yo tal vez no sea suficientemente creativo como para tatuarme un triciclo psicodélico en el hombro a la primera borrachera trascendental, pero algo hay ahí dentro que me zarandea y, de vez en cuando, hace descarrilar hasta hundirme en el fango irremediablemente como las ruedas de una bicicleta tratando lastimosamente de no horadar su propia perdición en la arena de la playa.

Así que hoy, de nuevo, no hablaré de mis side projects, pues no los hay, ni de los main projects, pues no he trabajado en ellos. Tampoco de cambiar vidas, ya que la mía es la que más lo necesita.

Hoy, aprovechando que esta es la semana número 28 de mi experiencia newslettera, siendo 28 la raíz cuadrada de 784 y este número, a su vez, la suma de los primeros siete cubos:

Esta no te la esperabas, ¿Eh?

Esta no te la esperabas, ¿Eh?

Y aprovechando también que son, precisamente, siete cubos y que 7 es número primo y, por tanto, directa y evidentemente relacionado con Amazon Prime, voy a hablar de cromodinámica cuántica.

O, pensándolo mejor, voy a hablar de pequeños electrodomésticos, que tiene más sentido.

Me he comprado una licuadora

Hace unos años compramos en LIDL o Aldi, no recuerdo, una batidora. De las de mano, de inmersión que dicen. Una minipimer.

Además de batir y triturar, haciendo gala del maximalismo alemán, incluía accesorios para rallar, laminar, cortar, cubear, picar y toda clase de ar-es aplicables a verduras y similares.

Al principio no le dimos más importancia a todo este util, hasta que empezamos a disfrutar del sano placer de cocinar y congelar. Ahí se convirtió en aliado indispensable para despachar a finas láminas media docena de pimientos y cuatro cebollas en escasos minutos. Fantástico.

Sin embargo el aparato estaba marcado de nacimiento con la maldición propia de haber sido parido por una cadena de supermercados low-cost y así, inexorablemente, sucumbió a la más programada de las obsolescencias a los escasos años de servicio.

Vagamos durante meses huérfanos de picadora en casa, rebajándonos a pasear el cuchillo con la mano sobre la tabla de bambú canteado, como cavernícolas. Se resintió nuestra dieta. Se pudrió la verdura en la nevera a la espera de acero que la procesara. El universo lloraba la pérdida de la picadora multifuncional.

Hasta que, en una noche oscura y turbulenta, azotado por la depresión y, qué digo, la desesperación, se me apareció Jeff Bezos ataviado con resplandecientes guirnaldas de euros, dólares y yuánes y, bajito, en un susurro, me reveló la verdad:

"Déjate de mierdas del LIDL. Cómprate una picadora de doscientos pavos en el Black Friday".

Amén.

Este pepino reside ahora el banco de mi cocina con sus majestuosos 1250W de potencia

Este pepino reside ahora el banco de mi cocina con sus majestuosos 1250W de potencia

Y hasta aquí la newsletter de hoy, la más corta hasta la fecha, si no me equivoco.

Una newsletter que hace las funciones de esa toalla que la proverbial señora deja en la tumbona al lado de la piscina a las siete de la mañana, antes del café con leche y las dos porras, para reservar el sitio bueno.

Una newsletter de ir tirando. De aguanta mientras me cobro. De en esta consigo el primer unsubscribe.

Porque, por desgracia, este tipo de newsletters es un poco lo que tienen. O lo que no tienen.

No tienen objetivo. No tienen temática. No tienen estructura. No obtienen rédito alguno. No tienen razón de ser.

Y por tanto su existencia está única y exclusivamente a la merced de la voluntad. De las ganas. De la motivación.

Hoy no hay ninguna de las anteriores.

Pero, eh.

Estás leyendo la newsletter.

Así que algo de estómago debe haber.

Cómete el brócoli, que dicen algunos.

Nos leemos pronto.