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Vivir del cuento 5 - La fiebre de los cupones
Sobre saber aprovechar las oportunidades. O algo así. Mayormente, hoy tocan tonterías. Que también hay que saber descansar. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera te...
Sobre saber aprovechar las oportunidades. O algo así. Mayormente, hoy tocan tonterías. Que también hay que saber descansar.
Nota: Archivo
Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.
Hace ya un montón de años, cuando estaba de Erasmus por la zona del Rin bebiendo demasiada Kölsch y estudiando demasiado poco me asocié con ciertas personas peligrosas que me metieron en el cuerpo un vicio de los más malsanos.
No era la droga. Tampoco el juego. Ni las armas de fuego.
Era un reality show. Americano.
Si eres una persona normal, tu reacción será preguntar ¿qué mierdas es eso?
Pues te lo explico: relata las andanzas de ciertos héroes sin capa cuyo propósito único vital es ahorrar pasta a base de cupones descuento.
Resulta que en Estados Unidos en eso del cheque-crece y de las ventajas de ser socio-cliente de Consum están muy, muy adelantados.
En lo de que la gente se mate a tiros no lo están. Pero en el ahorro extremo son los amos.
Allí te dan (o te daban en aquel entonces) cupones por cien mil razones. Un lavadero de coches te podía dar un 5% de descuento en tu próxima compra en un supermercado. El mismo supermercado tal vez tenía una oferta de 3x1 en detergente de mano. Y podías acumular hasta $50 para tu próxima compra a base de comprar botes de ketchup. Y resulta que hoy es el día sin IVA.
La conclusión es que veías a una señora que llegaba con un puto carpesano lleno a reventar de cupones y a base de combinarlos en un orden concreto se llevaba trescientos botes de detergente por $10.
Y cosas así.
Pura adrenalina. Muy loco.
Estas anécdotas cada vez son más absurdas
Pues sí. Pero como siempre, hay aquí moraleja.
O, en realidad, otra anécdota, para variar.
El otro día estaba comprando en el Leroy Merlin y se me acercó un señor de una comercializadora eléctrica.
Supongo que por mi exposición excesiva al extreme couponing yo le tengo asquito a todo lo que huela a descuento con trampa y a duros a cuatro pesetas.
Pero me pillaba acabado de comer una calzone de medio metro de diámetro del Tagliatella así que fui débil y le dejé hablar.
Me ofrecía una tarifa plana de luz y de gas. Y 30 pavos pa gastar en el Leroy por cada servicio que cambiara. Sin permanencia.
Muy buena pinta.
Obviamente, le dije que no. Y dejamos allí al hombre derrotado.
Pero entonces se me ocurrió mirar el precio por kW exacto que estaba pagando ahora, con también tarifa plana.
Yo lo estaba pagando sustancialmente más caro.
Había llegado la hora del extreme couponing.
Buscamos al señor por toda la tienda y le contratamos dos contratos de luz y uno de gas. 90 pavacos al bolsillo pa comprar lámparas. Y la luz y gas más barata. Y encima nos regalan los dos primeros meses de consumo. Si me rallo pongo el aire acondicionado con las ventanas abiertas.
Me habías vendido que había moraleja
Aquí va: si eres como yo y te da pereza máxima el mundo de las ofertas en general, piénsatelo dos veces. Aquí no hay medias tintas: la única actitud correcta ante una oportunidad es la analítica.
No te dejes llevar por las emociones en ninguno de los sentidos. Si te ofrecen un trabajo, no te guíes por lo molón que sea el proyecto o lo buen funnelizer que sea el CEO. Piensa en el rendimiento que obtendrás, los beneficios para tu carrera profesional y los puntos donde puedes pillarte los dedos.
Si un vendedor te quiere colocar su línea de fibra turbia, escúchalo. Igual están cargaditos de silicon-valley-money y les puedes sacar rendimiento una temporada.
Sé analítico.
Y aquí acaba la newsletter de hoy. Un poco escasa en contenido interesante, lo sé. Llevo una semana complicada y son las 10:25. Y la newsletter sale a las 11:00. Esta ha sido la primera edición en la que he ido justito. Esperemos que no se repita.
La semana que viene os compensaré hablando del precio de las cosas y de cómo podéis desarrollar proyectos web enteritos desde cualquier lado y dispositivo, como por ejemplo en la cocina con una nevera de estas con pantalla o, en mi caso, desde el coche con un iPad.
Nos leemos pronto.