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Vivir del cuento 11 - Stay hungry
Hablo sobre cumplir años, criarse tonto, comprar dominios y promocionar estafas piramidales alegremente en tus proyectos. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temp...
Hablo sobre cumplir años, criarse tonto, comprar dominios y promocionar estafas piramidales alegremente en tus proyectos.
Nota: Archivo
Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.
Ayer cumplí 34 años, que se dice pronto. Estoy escribiendo esto al lado de la piscina.
Está bien la piscina, sobre todo después de la playa.
Hoy he estado casi cuatro horas.
En la playa, digo.
Vamos, que bien. No me puedo quejar.
A ver, la casa no es mía. No me da para tener una casa así. Pero la hemos alquilado una semanita. Desconexión (relativa), con la familia.
El lunes hicimos barbacoa.
Lo que te decía. Que bien. Que no me quejo. No me puedo quejar.
Muchas veces pienso la gente que, cuando alcanza el éxito, dicen de ellos aquello de que empezó desde abajo, se lo labró todo con el sudor de su frente.
Esa gente me produce una gran admiración. De verdad.
Leo sus historias y huelo el hambre. El hambre de comerse el mundo que nace de la pura necesidad, de la incertidumbre sobre el futuro, de la escasez.
Y yo aquí, al lado de la piscina. Pensando si estaré más cómodo dentro con el aire acondicionado.
Porque yo hambre, poca. Ya sabes: familia de clase media, sin conflictos en casa, padres con trabajos estables que se habían ganado a base de meterle horas.
En mi casa nunca vi ropa de marca. No fuimos nunca a visitar Nueva York. No teníamos apartamento en la playa. El coche se cambiaba cuando el viejo dejaba de funcionar.
Pero nunca faltaba comida en la mesa, siempre había para una escapada al camping en verano y no había problema con pedir unos eurillos para irme a cenar con los colegas.
Pude estudiar lo que quise, al ritmo que quise. E incluso me permití la sobrada de dejármelo a medias.
Sí, el lujo material era un concepto absolutamente desconocido para mí, pero la sensación fue siempre clara: no me falta de nada. No me va a faltar de nada.
No tenía hambre de nada.
Y a veces creo que me he criado un poco gilipollas. Qué le vamos a hacer.
El motivo por el que te cuento todo esto es una reflexión que aplica tanto si tu vida ha sido semejante a la mía como si ha sido completamente distinta.
Hay situaciones en las que es ventajoso estar hambriento. En los negocios, en las relaciones personales, en la vida en general. Tener ganas. Tener un instinto animal que te empuje.
Y a veces no lo tenemos. O lo hemos perdido.
Cómo lo recuperamos no es lo que te voy a explicar aquí. Porque no lo sé.
Pero algo que si sé es que ser consciente de este hecho nos ayuda a subsanar los efectos. A ser conscientes de que cargamos esta desventaja y de que el mundo nos dejará atrás si no compensamos con constancia y trabajo.
Si tienes hambre, aprovéchate. Si no la tienes, no te duermas o te quedarás atrás.
Progreso de ser menos pobre
Como comenté la semana pasada mi idea en la newsletter es contaros tonterías, sí, como siempre, y también la dosis adecuada de filosofía barata de ahí arriba, pero sobre todo información interesante así como teneros al día de lo que hago en mi camino hacia la jubilación anticipada.
Aún que sea por aquello que dicen en inglés de live vicariously through me y así no os hace falta abandonar vuestro curro seguro y acolchadito de chorrocientosmil pavos al año para aventuraros en el mundo de buscarse la vida.
El progreso, como iba diciendo, es este:

Es un dominio. De internet. Sí, me he comprado ya el dominio para cuando lo pete.
Vamos, que no hay progreso. O sí. Puede parecer que el dominio ese lo compré arbitrariamente, en un arranque de locura, sin meditarlo.
Y es así, tal cual.
Pero aquí el juego es justificárselo a toro pasado así que he pensado que voy a empezar a hacer chorriproyectos para hacer #buildinginpublic que está tan de moda.
Pensarás, ¿lo habrá decidido tras el éxito de su último hilo en Twitter donde montó un buscador de artículos clásicos de Hacker News?
¡Pues no! ¡Porque no lo leyó ni Cristo! Pero aún así, no desisto.
Así que update para hoy: estaos atentos a la semana que viene porque empieza la fiesta de:
- Tweet diario en inglés sobre cosas de negocios online
- Hilo #buildinginpublic de vez en cuando sobre #chorriproyectos, que iré sacando en el idioma que me vaya apeteciendo cada vez
Y volviendo al dominio: tengo una idea. Lo veréis en breve.
Tip de la semana: mete anuncios turbios en tus side projects
Hace un tiempo publiqué un pequeño experimento. No le di publicidad. De hecho, ni lo comenté entre los amigos.
#buildinginprivate 100%.
¿Por qué? ¿Me daba vergüenza?
Pues sí, un poco.
En resumen: era una idea de lo más inocua, un feed en tiempo real de cierta red social. Por aquello de experimentar con una API que me había encontrado y jugar un poco con javascript.
La página consistía en un scroll infinito de imágenes de dicho feed. Un no parar de imágenes que no dejaba de actualizarse, continuamente, en un torrente imparable de fotos publicadas en tiempo real.
¿Te imaginas por dónde va?
El 90% eran pollas y tetas.
Había creado una página guarra. Sin querer. En serio. Que no era mi idea.
Pero era lo que era.
Así que decidí publicarlo en ciertas comunidades de side projects explicando tal cual el asunto. Y hubo interés. No me preguntes si era interés técnico u onanístico. Yo no juzgo.
Por cierto: no preguntes. No te voy a dar más detalles. Porque mis posts explicándolo están ahí, en internet, buscables, y me relacionan con cuentas en sitios web que frecuentaba hace más de una década y el nivel de cringe que me provoca es de proporciones bíblicas. Así que te aguantas las ganas. Ya he hecho bastante mal escribiéndolo aquí.
El caso es que entraron un montón de gente así de sopetón. Metí el analytics y no llegué a pillar el pico grande, pero se aprecia:

Lo que está claro es que duró poco.
Por supuesto me dio el ansia pura: ¿cómo monetizo esto? ¿¿cómo le saco pastaaa?? Había que meterle anuncios. Pero cualquiera de los serios me iba a dar problemas. Culos y testículos no es una categoría de las aceptables para la mayoría de ad networks.
Para la mayoría.
Mi pregunta fue, ¿qué es lo más turbio a parte de los anuncios en páginas guarras?
Las cryptos 🤣.
Así que busqué en Google "bitcoin ad network" y el tercer resultado fue mi salvación.
A-Ads. Enlace de afiliado, por cierto. No me dan nada si no te registras y lo usas, pero por si acaso. Haz click. No seas cutre, va.
En resumen: creas el espacio de anuncio, seleccionas categorías aceptables (léase: todo turbio) y obtienes un código de iframe para meter en tu sitio. Y ya está. Empiezas a cobrar.

Ejemplo de las maravillosas temáticas de anuncios que meterás en tu side project.
El nivel de fricción me resultó tan bajo que me quedé maravillado. Por eso te lo recomiendo aquí.
¿Y los resultados? Pues a ver, como puedes ver en el gráfico el asunto duró escasamente un día.
Pagan en bitcoins. Saqué 0,00031625. En su momento en la cresta de la ola, unos 20€. Ahora serán unos 7€.
¿Está bien? Bueno, el CPM que publican es, si no tienes escrúpulos sobre el contenido, unos 0,30€, y CPC de 0,02€. Por si no lo sabes: es un orden de magnitud inferior a Adsense, tranquilamente.
Pero, al mismo tiempo, el nivel de fricción en la implementación es infinitamente menor.
Así que ahí tienes el tip de hoy: en caso de duda, si te da igual, métele unos buenos anuncios turbios. Y con un poco de suerte te llevas unos betecés.
Y hasta aquí la newsletter de hoy. Lectores: sois muy poco obedientes y cuando os lo pido pasáis tres pueblos de escribirme.
Pero yo insisto.
Deberes de hoy: ideas de #chorriproyectos para implementar en público en Twitter.
Porfa. Que no se me ocurren.
Nos leemos pronto.