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Vivir del cuento 23 - El Consulting

Hablamos de llamar mierdas locas al personal, de explotarte la patata y del motivo por el que debes evitar que te arrastre la corriente y hacer cosas. Nota: Archivo Este texto f...

Hablamos de llamar mierdas locas al personal, de explotarte la patata y del motivo por el que debes evitar que te arrastre la corriente y hacer cosas.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

Yo he sido siempre de poner motes. No necesariamente desagradables o hirientes. Pero aún así, motes, habitualmente poco halagadores.

Reconozco que esto me inscribe firmemente en el espectro de los instigadores del bullying. Quiero que esta confesión sea prueba de mi profunda contrición.

A mi favor debo decir que, excepto en contadas ocasiones, no adscribo al hecho intención innoble. Se trata más de una necesidad básica de buscar juegos de palabras, rizos creativos o apelativos ingeniosos.

Muchas veces literalmente responde al aprecio por la variedad. Esto se hace patente en referencias a clientes o proveedores, donde acaba floreciendo un repertorio de seudónimos low-effort basados en prefijos y sufijos estandarizados, incluyendo:

  • El puto XXXX
  • El XXXXfuck
  • El RopeXXXX
  • El XXXXator

Sustituyendo por supuesto XXXX por el nombre del sujeto en cuestión.

Estos motes tienen poco valor. Son meras muletas que lubrican con microdosis de humor la conversación diaria.

Pero a veces los hay que brillan con luz propia. Su derivación tan compleja como la resolución analítica de las ecuaciones de Navier-Stokes. Su ingeniosidad homologable a la de Quevedo o Góngora.

El Consulting.

La Package.

El Playhard.

El Enganyifa.

El puto RopeFucker de los cojones.

Pura expresividad y síntesis.

Sin embargo creo razonable hacer un ejercicio de madurez y limitar esta práctica.

Porque sé, por ejemplo, que en los contados casos que me refería antes, donde sí he usado mis artes arcanas para el mal, he resultado hiriente.

Aprovecho desde aquí para pedir perdón.

Y en los casos bienintencionados, en especial en el ámbito profesional, no colaboro con el mantenimiento del buen ambiente y la cordialidad.

Así que tengo intención de aplicar una nueva política.

A la gente que lo merezca me referiré por su nombre o seudónimo de elección, con respeto y seriedad.

Y al resto los pondré de hijoputa p'arriba.

O mejor, que hablen los abogados.

Empezamos.

Minuto musical para introducir la temática de la próxima sección

Minuto musical para introducir la temática de la próxima sección

Voy más puesto que un ciclista

Hoy me he levantado con sueño. He dormido mal. Así que he sobrecompensado.

Me he tomado más de medio litro de café.

De cafetera italiana. Cargadito.

Y llevo media tarde con taquicardia y notando burbujitas infartoides por todo lo que viene siendo la cavidad torácica.

Bad trip.

La conclusión es que llevo dentro un exceso de energía. Pero no de la buena. No de la del programador en la zona después de meterse un golpecito de anfetas para la TDAH. Más bien de la mala. De la que ayuda al politoxicómano a asestar la vigesimoquinta puñalada a su víctima en un callejón. De la que va bien sobradita de entropía.

Así que siendo que son las ocho de la tarde del martes y tengo media newsletter pendiente por escribir he decidido prepararme una tila y hacer algo que me resulta fácil.

Que me sale natural.

Voy a quejarme.

El mundo se va a la mierda

Resulta que, a parte de lo de la amenaza termonuclear, encima vivimos en una puta distopia neocapitalista.

Y sí, lo digo yo que voy por el mundo montando negocios turbios y que tengo una sociedad que se llama, literalmente, legalmente, Movidote.

Vamos que me falta el canto de un duro para afiliarme al PP y abrir una empresa de eventos.

Pero es lo que hay. Yo todo esto lo hago no para alimentar a la bestia, sino para escapar de ella. A mi ser un empresaurio de éxito me la pela. Yo lo que quiero es poder pasar tiempo con mi familia, montar pirulas exóticas en el ordenador y tener un huerto de hierbas aromáticas en la terraza.

Y el sistema no está montado para hacérnoslo fácil.

Hace setenta años una familia de cinco de clase media vivía con el sueldo de una persona. Y el otro progenitor (que solía ser la mujer, pero no tendría por qué ser así en el siglo XXI, evidentemente) podía encargarse de las miles de tareas que el mundo real nos echa a la cara, como cuidar de los niños y mayores, gestionar la casa y la intendencia e incluso preparar algo sabroso a mediodía para disfrutar juntos en familia.

Hoy el progreso nos ha arrebatado aquello y en su lugar nos da esta puta pesadilla que acabo de ver en un folleto:

Y si compras en los próximos 10 minutos te regalamos una sonda anal y dos meses gratis de Netflix.

Y si compras en los próximos 10 minutos te regalamos una sonda anal y dos meses gratis de Netflix.

El motivo de esta espiral distópica, lo desconozco. O mejor dicho, tengo mis teorías, pero mejor me las guardo, porque esta newsletter no tiene consistencia para aguantar un relleno tan denso.

Pero sea como sea, esta es la realidad de la situación. Son las cartas que hay sobre la mesa y el juego al que parece que nos fuerzan a jugar.

Y recordarlo de vez en cuando me ayuda a reforzar mi motivación por no jugar.

Porque soy consciente (y me duele en lo más profundo) que habiéndome empleado para cualquier empresa de desarrollo los últimos cinco años hubiese multiplicado por diez mis ingresos. Y por 0,3 mis preocupaciones.

Pero no puedo. Es superior a mí. Necesito mantener la esperanza de llegar algún día a escapar del tornado de mierda que nos engulle y fugarme a un búnker en la serra de Mariola a pasar el resto de mis escasos días jugando a LEGO y montando side-projects mientras el mundo arde.

Esta esperanza es la que me permite continuar.

Y en esas estamos.

Este es mi consejo cambia vidas de hoy. No esperes a que los demás te den lo que te mereces. Búscatelo. Porque solo hay dos salidas de la carrera del gato y el ratón:

Ganar usando las reglas del juego.

O el homicidio.

Menuda newsletter más loca

Es miércoles, son las siete de la mañana, acabo de releerla y sí. Lo sé. Es mierda loca.

Pero ya te había dicho que estaba de mal viaje así que no se puede esperar mucho más.

Celebremos que no me he infartado a media noche con el cóctel de café y tila.

Y con este pensamiento 100% Mr. Wonderful me despido hasta la próxima semana en la que recemos por que lo que escribo empiece a tener sentido.

O que deje de tenerlo del todo.

Ya no se qué es mejor.

Nos leemos pronto

PS: No hay #BuildingInPublic, pero os dejo una cosa curiosa. 15 personas han entrado a mi proyecto banco.surf desde YouTube. No he encontrado ningún video que hable del proyecto. #Misterio.

¿Me habré hecho iutuver sonámbulo?

¿Me habré hecho iutuver sonámbulo?