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Vivir del cuento 29 - La revista que sale los viernes

Es ist Mittwoch meine Kerle. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revu...

Es ist Mittwoch meine Kerle.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

Hoy he ido a la oficina en bicicleta. Ha estado bien.

Es eléctrica, pero he bajado el nivel de asistencia por debajo de lo habitual.

Por vicio. Para sudar.

Me ha venido bien.

Luego he trabajado unas cuatro horas y me he ido a comer.

Pensaba comer un tomahawk de quilo cuatrocientos, pero al final he comido solo entrantes. Y nos ha llovido a media comida. En la terraza.

Pero me ha venido bien.

Luego he estado charlando de la vida, de los negocios, del futuro. Y mientras deambulando por un MediaMarkt. Viendo algunas posibles compras para la empresa. Y también neveras y freidoras de aire, ya que nos poníamos.

Y me ha venido bien.

Finalmente he vuelto a la oficina y cerrado la jornada repasando números y planificando el fin de ejercicio.

No es lo más divertido del mundo.

Pero me ha venido bien.

Y es que, si bien ninguna de estas cosas ha sido por sí misma digna de ser contada en esta newsletter, lo cierto es que el día, en general, ha marcado una notable mejora respecto a los pasados.

Días de insomnio, procrastinación y apatía.

Así que cabalgando el subidón he vuelto a casa con la bici eléctrica. Pedaleando. Por vicio. Para sudar.

Y con la cena terminada y el niño acostado me he sentado a hacer lo que escasas horas antes juré y perjuré que no haría.

Hoy viernes escribo la newsletter del miércoles.

Bienvenidos a "Vivir del cuento". La newsletter que sale los viernes.

O mejor.

La newsletter que sale cuando me sale de los cojones.

El tomahawk para la próxima.

El tomahawk para la próxima.

Peluco, descapotable y Robert Kiyosaki

La vida da unas vueltas raras. Hace un puñado de años trabajé con un señor. Tenía mi edad, y mi edad era temprana, que dicen.

Pero él era un señor.

Para daros más detalles yo programaba y él era comercial. De call center, vendiendo ADSL a incautos.

Yo con un trabajo estable y acomodado, viviendo en el barrio del Carmen y asiduo a las birras, los kebabs y el hedonismo barriobajil.

Él con uno precario, basado en comisiones, pero con peluco de varios miles de euros y descapotable. Y metiéndose copazos de Matusalem Gran Reserva 15 en los garitos de moda.

Si no lo has probado, recomendable.

Si no lo has probado, recomendable.

Lo cierto es que me caía bien. Muy bien. Pero no lo entendía. No entendía su forma de ver la vida. Gastaba el dinero en vivir, pero no como yo. Yo vivía haciendo lo mismo que siempre había hecho, con las mismas personas, en los mismos bares.

Él lo hacía viviendo mejor. Por encima de su nivel. Aspirando.

Y era aspiracional, porque la realidad es que su fluctuante poder adquisitivo no le permitía integrarse en esta vida de deportivos exóticos y relojes millonarios.

El reloj valía pasta, pero hacía doble papel de fondo de emergencia, dispuesto a ser empeñado al momento que fuese necesario para alimentar sus incesantes maquinaciones lucrativas.

Y el descapotable era resultón, pero viejo, amenazando a cada pistonada en desaparecer en una nube de humo, como la carroza de cenicienta a medianoche.

Pero su convicción era inquebrantable. Tenía un objetivo. Perseguía un estilo de vida y lo hacía a pesar de todo. A pesar de la realidad. A pesar de que habérsela jugado demasiado con los CFDs lo había llevado a tener que estar allí, conmigo, compartiendo almuerzos por un sueldo miserable.

Yo, por aquel entonces, no tenía ni puta idea de la vida. Ahora, tampoco. Pero entonces, menos.

Como sabéis los que me conocéis yo vengo de una típica familia izquierdosa de asalariados abnegados a los que no les han regalado absolutamente nada en la vida. Cada céntimo se lo han currado con el sudor de su frente y la vida les ha dejado bien claro que el sistema de clases existe y nosotros, por desgracia pero con mucho orgullo, somos el puto proletariado.

Mi respuesta natural a cualquier situación económica desventajosa era la de currármelo más, "a ver si se dan cuenta de lo que valgo" y, a una mala, nos vamos al sindicato.

O, siendo sinceros, al bar a quejarse de lo hijos de putas que eran los jefes.

Pero él era diferente. Había asomado la cabeza a través del espejo y había visto con sus propios ojos a donde llevaba la madriguera de conejo. Había catado la fruta prohibida jugándosela a la carta más alta en derivados con fantasiosos apalancamientos.

Entre la referencia literaria y la bíblica, me he quedado con la cinematográfica.

Entre la referencia literaria y la bíblica, me he quedado con la cinematográfica.

Había hecho de esta misión por lograr regresar al país de las maravillas su personalidad. Su esencia. Con su forma de vestir, de actuar, de moverse, de interactuar con el mundo.

Y también con su lenguaje, en el que no te preguntaba qué cobras, sino qué facturas.

Hay personas en la vida que, años después, comprendes que conociste demasiado pronto, o demasiado tarde.

Me ha pasado con varias.

Pero este es y será siempre un ejemplo de los más claros.

Porque me veo ahora, tras siete años montando negocios, lo que quería transmitirme con sus palabras. Lo que intentaba explicarme cuando hablaba de la importancia de los contactos, de las apariencias y de los círculos sociales. De no tener el éxito como objetivo sino actuar como actuaría alguien que va a tener éxito.

Entiendo ahora por qué me dejó para leer Padre rico, padre pobre de Robert  Kiyosaki, que devoré en una tarde produciendo en mi una absoluta indiferencia debido a mi potente inoculación de una retahíla de mantras vitales pseudomarxistas.

(Por cierto, V., si lees esto alguna vez, sepas que sí lo leí. Aún que no te lo creíste. Leo rápido.)

En resumen, hoy he querido escribir sobre esta persona como agradecimiento por todo lo que, sin tal vez él saberlo, me enseñó.

Y también para recordarme a mí mismo que cuando aparece una persona que reta tu modelo mental, debes hacerle caso. Hacer el esfuerzo por despojarte de tus prejuicios y tratar de entender su mensaje.

Porque es muy probable que seas tú el que estás equivocado.

No sé que fue de él, perdí completamente el contacto hace alrededor de una década. Pero me parece que empieza a ser hora de hacer un poco de doxing doméstico e invitarlo a una copa de Matusalem.

Primer objetivo para 2023.

Qué va a pasar con esta newsletter

De esta newsletter, que apunta a ser de las más verbosas que he escrito, podemos destacar un éxito y un fracaso.

El éxito es que, como prometí, ha salido a las once.

De la noche, vale. Tecnicismos. Semántica.

El fracaso es que no salió el miércoles, sino el viernes.

¿Es esto un fracaso? No lo sé. ¿Hubiese sido mayor el fracaso si nunca hubiese salido? Tampoco lo sé.

Lo que sí sé es que esta newsletter, por suerte o por desgracia, ha agotado su curso natural.

Empezó con el ímpetu del que quiere concretar y sintetizar su búsqueda de la independencia financiera en un pulcro registro semanal de éxitos y fracasos.

Ante la imposibilidad material de acometer el acto en sí, el diario de campo queda vacío de razón de ser, y solo las ganas de escribir y el backlog de anécdotas e historietas quedaban como energía combustible.

No renovable, en este caso.

Por tanto me veo incapaz de prometer la continuidad y cadencia que definía esta publicación.

Ahora bien, lo cierto es que, cuando me apetece escribir, disfruto haciéndolo. ¿Disfruto con tener que hacerlo, sí o sí, cada miércoles? No. ¿Me reporta algún beneficio mantener una cadencia regular? Todo lo contrario. ¿Os debo algo, agradecidos pero no monetizables lectores? Pues tampoco.

Por tanto no me queda otra que redefinir. Reinventar.

E igual que la revista El jueves es la revista que sale los miércoles, la newsletter Vivir del cuento y no morir en el intento es la newsletter que sale, por lo general, cada semana, si tengo algo que decir, y en la que hablo de cosas, por lo general, referentes al mundo de los negocios, si tengo algo que decir al respecto.

Y si no pues, si me apetece, hablo de lo que me da la gana, y, si no, pues no hay newsletter.

O ya iremos viendo.

Tampoco hace falta tomarse las cosas tan en serio, ¿no?

Nos leemos pronto.