Archivo de newsletter
Vivir del cuento 4 - La felicidad es una buena manguera
Sobre el origen del confort y la importancia de conocer bien tus herramientas. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y...
Sobre el origen del confort y la importancia de conocer bien tus herramientas.
Nota: Archivo
Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.
A mediados del mes que viene me cambio de casa. De piso, realmente.
Soy pobre, no me da para casoplón.
El caso es que después de ya casi ocho años viviendo en un sitio, me voy a otro.
En mi piso actual he estado muy bien. Lo reformamos a nuestra medida, con un comedor enorme donde hacer toda la vida, una cocina abierta con una isla de tres por dos metros y todas las pijadas electrónicas que se nos ocurrieron.
Pero siempre ha habido un detalle que me ha costado aceptar. No era los cuatro pisos sin ascensor. No era el tener que dormir en el comedor porque no había aire acondicionado en la habitación. No era el tener solo un váter cuando nos hemos juntado seis personas a dormir en casa.
No. El problema es que mi piso no tiene fuera.
¿Cómo que fuera? Fácil. Te lo explico con un ejemplo:
Este fin de semana he estado arreglando cosas del piso nuevo, reparando algunos desperfectos, etcétera. Entre otras cosas he limpiado una persiana que estaba muy, muy sucia.
Esto en mi piso actual hubiese sido un infierno. La mugre pedía agua. Mucha agua. El suelo del piso antiguo es tarima. Hasta la cocina es de tarima. No hay balcón. No hay galería. No hay terraza. No hay fuera. No hay zona ensuciable. Hubiese sido una tarea imposible.
Pero en el piso nuevo sí hay fuera. Un buen montón, para mis estándares, de metros cuadrados de terraza. Así que subí la persiana a la terraza y la limpié con la manguera.
Puro éxtasis. Felicidad absoluta mediada a través de una manguera, que salpicaba sin control, encharcaba el suelo y dibujaba un arco iris en el aire sin que pasara nada.
Y ahora el insight para justificar que te cuente esta tontada:
El concepto de fuera no es solo aplicable a las casas.
Cuando creas negocios digitales debes permitirte tener un fuera donde trabajar. Donde poder probar, ensuciar y experimentar sin consecuencias. Pudiendo después eliminar todo rastro de un par de manguerazos.
Si un experimento fallido implica no llegar a plazo con tu cliente, no experimentarás.
Si probar una nueva tecnología puede acabar en que te quedes sin vacaciones teniendo que reimplementar tu producto para cumplir tus compromisos, no probarás cosas nuevas.
Si construyes tu vida profesional sin espacios para la experimentación, sin donde trabajar con las manos llenas de grasa, sin donde expresar tu creatividad sin miedo a las consecuencias, te estancarás.
Obligate a tener un sitio donde trabajar fuera. A poder perder el tiempo con side-projects que no van a ningún sitio. A ser capaz de resolver problemas a manguerazos si resulta que es la forma más eficaz de hacerlo.
Afila el cuchillo, pero recuerda que tienes motosierra
Como ya me he extendido bastante con el anécdota de la manguera, hoy voy a intentar ser más escueto con la parte informativa.
Spoiler: no lo he conseguido. Es larguísimo esto.
Toca consejo. Y te lo cuento con otra anécdota.
Esta mañana un cliente me ha pedido un desarrollo para el viernes. Estoy escribiendo esto el martes. Y el desarrollo tenía miga.
Un juego de preguntas y respuestas, con puntuaciones asociadas a cada respuesta, con cada pregunta presentada dependiente de la respuesta dada en la pregunta exterior, con gifs e imágenes intersticiales entre cada pregunta y según que se ha respondido, un tiempo para responder distinto en cada pregunta.
Un buen jaleo. Todo personalizado, a medida. Y tenía que tenerlo resuelto en dos días y medio. Y querían el presupuesto en cuatro horas. Y voy hasta el culo de trabajo. Mi respuesta: es muy difícil en tan poco tiempo, no está casi definido, es una locura, os va a salir por un dineral. Les meto miedo en el cuerpo para que no les pille por sorpresa. Me dicen que OK, que esperan el presupuesto.
He parado todo lo que estaba haciendo, he planificado el desarrollo, he modelado la estructura de datos de configuración, he determinado el stack y librerías y he hecho un presupuesto.
Tres horas de trabajo sin haber empezado todavía el proyecto. Por suerte el resultado eran muchos miles de euros que muy probablemente el cliente pagaría, dada la urgencia.
Sin embargo, escasos segundos antes de enviar mi respuesta me llega un WhatsApp. "Llámame que hemos pensado una alternativa para hacerlo más fácil".
Esta le gustará a cierto lector de la newsletter. La alternativa era que lo van a montar en Typeform 🤯.
¿Toda esa lógica custom? ¿¿En Typeform?? Pues sí. Se puede. Y más.
¿Moraleja? Muy simple.
Yo conocía Typeform, pero no le he dedicado el tiempo necesario para interiorizar las capacidades e integrarlo entre mis herramientas habituales.
Tengo mi martillo, el desarrollo a medida, y todo lo que me piden lo soluciono a martillazos.
Y por eso mi respuesta ha sido poner pegas por los tiempos, asustar al cliente y forzarlo a buscar una alternativa por su cuenta.
Si hubiese tenido Typeform en la cabeza les hubiese tranquilizado, propuesto una solución no-code más económica y me hubiese metido unos miles de euros en el bolsillo por un trabajo de drag-and-drop.
Así que el consejo de hoy es simple: dedícale tiempo a aprender e incorporar nuevas herramientas a tu toolkit.
Puede ser la diferencia entre ganar o perder un proyecto.
Nos leemos pronto.