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Vivir del cuento 7 - Trabajar mejor

Yo de mayor quiero ser un junior developer sin responsabilidades. Pero como soy gilipollas, me hago autónomo y encima empresario. Nota: Archivo Este texto forma parte de la prim...

Yo de mayor quiero ser un junior developer sin responsabilidades. Pero como soy gilipollas, me hago autónomo y encima empresario.


Nota: Archivo

Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.

Hoy te había prometido más anécdota graciosa. Y esta mañana se me ha ocurrido algo muy gracioso para contarte. Me reía solo por la calle recordandolo.

Pero ya no me acuerdo de qué era.

En serio.

Así que voy a aprovechar que el día 2 cerramos la primera mitad de 2022 y te voy a traicionar vilmente.

Hablaremos sobre el estrés y sobre cómo planteamos nuestra realidad laboral cuando somos nuestros propios jefes. Toma ya.

A ver si sacamos cuatro apuntes para guiarnos en la segunda mitad de este año que se está quedando intensito.

Agárrate, que viene newsletter de las muy largas. Calcula 8-10 minutos de lectura así que ve a por una agüita con gas y unas olivas.

Ah, y recuerda que igual el Gmail te la corta. Para leer más dale a "ver el mensaje entero".

Vamos.

A mi me gustaba trabajar. En serio.

A los que me conocen esta frase igual les sorprende. Pero es verdad. Para variar, te cuento un poco mi vida como contexto.

He comentado alguna vez que llevo ya un porrón de años de autónomo, pero antes me dedicaba, como casi todo el mundo, a que me pagaran todos los meses por estar sentado en una silla concreta haciendo cosas.

Recuerdo un trabajo con especial cariño. Tenía cierta responsabilidad, pero el nivel de exigencia técnica era bajo. Se cumplía el horario a rajatabla, vivía a tres minutos de la oficina a pié y el ambiente era bueno y relajado.

Tenía cero estrés. Me decían lo que tenía que hacer, lo hacía a mi ritmo, eficaz pero sin prisas, y cada fin de mes tenía dinero en la cuenta.

Los días eran limpios y cristalinos. Levantarse. Café, zumo y tostada cada día en el mismo bar. Trabajo. 45 minutos para comer algo. Más trabajo. A las 18:01 saliendo por la puerta.

El trabajo nunca me quitaba el sueño. La desconexión entre vida y trabajo era absoluta.

He dedicado mucho tiempo a intentar entender por qué mi relación en el trabajo era tan distinta entonces. Entiendo que, en cierto modo, idealizo aquel tiempo pasado.

A fin de cuentas, era joven, no tenía responsabilidades y podía vivir con cuatro duros. Lo tenía todo de cara. Es para estar contento.

Pero no era eso.

Y lo sé porque poco después me fui a trabajar a Berlín. Allí también era joven, tampoco tenía responsabilidades y no sólo podía vivir con cuatro duros, además cobraba muchos más duros. Puedo decir que mi vida era, a casi todos los niveles, todavía mejor.

Joder, es que me lo pasé muy bien en Berlín.

Pero allí el trabajo sí que me quitaba el sueño. Y tenía bastante estrés.

Entonces, ¿qué era?

A día de hoy todavía no lo sé. Pero tengo algunas pistas. Vamos a analizarlas.

El concepto de "pendiente" o "acabado"

Recuerdo una sensación concreta. Mirar el reloj, ver que faltaban pocos minutos para acabar y pensar "qué bien, ya salgo".

¿Parece obvio, no? Pues no creo haber tenido esta sensación desde entonces. Hoy en día que se acabe el día es motivo de ansiedad. Mi respuesta mental está más en la línea de:

  • Me siento mal porque llevo todo el día currando y todavía me queda muchísimo por hacer
  • Me siento mal porque he estado todo el día con este proyecto y no he avanzado este otro
  • Me siento mal porque he perdido el tiempo en cosas no productivas o inmediatamente monetizables

En aquel momento todo lo que hacía era fácilmente estimable y planificable, nunca tenía trabajo planificado para más de dos semanas en el futuro, nunca tenía que compaginar más de un par de tareas al mismo tiempo y siempre teníamos margen para imprevistos. Y mi sueldo no dependía de ninguna de estas cosas.

Creo saber uno de los motivos; La empresa no era técnica. Mi rol era de soporte, no productivo. Vale, sí, si se incendiaba un servidor o fallaba el software de producción era un problema.

Pero si una mejora salía dos días después, no.

Mi conclusión: Busca en tu organización de trabajo poder marcar el check de "trabajo hecho" cada día. Si acabas el día pensando en todo lo que te queda, con la sensación de llegar tarde a todo, nunca encontrarás satisfacción en el trabajo.

Haz un checklist cada día de lo que quieres hacer hoy. Cuando lo completes, cierra el portátil y sal de casa. No sigas trabajando. Has logrado el objetivo.

Y por supuesto, el checklist debe ser realista. Si cada día acabas con cosas por hacer, es que estás metiendo demasiadas.

Lo mismo aplica a tu horario. Si ves realista trabajar 4 horas al día, planificate sólo cuatro. O mejor, tres. Y cuando estimes proyectos, hazlo a razón estas tres horas. Y si tienes que escribir una newsletter, quítale dos o tres a cada semana.

Y si haciéndolo así el Excel no te lo soporta es que tu modelo de negocio no funciona. Búscate un curro sin responsabilidad y a vivir la vida.

La idea del "job description"

Yo allí entré de programador. Web, concretamente. Esto se fue expandiendo a ser también programador del software que usaba la empresa entera para funcionar. Y sysadmin. Y a veces diseñador gráfico.

Nada en la vida es perfecto.

Pero ¿sabes lo que no era?

Responsable de recursos humanos. Contable. Director comercial. Copywriter. Gestor de proyectos. Director financiero.

Responsable de intendencia de la puta oficina.

Ahora sí.

En aquel trabajo cuando el jefazo, después de estarse un rato mirando coches en una página de segunda mano, se levantaba y se acercaba a mi, no me cagaba en los pantalones. Sabía lo que sería.

Una feature nueva en el software interno. Algo a cambiar en la web. Algun email que se veía mal en Outlook 97.

Ahora cuando me llama la gestoría o algún cliente, se me ponen de corbata.

Y cuando me llega un email de esos titulados "AEAT - Aviso de Comunicación" ya me empieza a pedir el cuerpo porcelana Roca.

¿Qué se ha roto ahora? ¿Qué presupuesto loco me van a pedir valorar? ¿Qué calzado es el más adecuado para la cárcel?

¿Qué marrón me toca gestionar ahora?

Mi conclusión: Simplifica. Reduce. Elimina todo lo que no esté explícitamente presente en tu planificación.

Si no tienes ganas de que tus clientes te persigan por los siglos de los siglos con sus problemas, no implementes proyectos de largo recorrido.

Si no te apetece despertarte con un requerimiento de la seguridad social o un inspector llamando a la puerta, no contrates empleados. Los trabajadores son un sumidero infinito de gastos, trámites y dolores de cabeza y debes estar mentalizado de que te vas a convertir en director de recursos humanos a tiempo parcial.

Si no quieres estar cambiando de tecnología cada cuatro días, céntrate en lo se te da bien y rechaza cualquier proyecto que no se adapte a tu forma de trabajar.

Si no tienes ganas de sentirte forzado a escribir cada semana, no empieces una Newsletter.

El mayor error que puedes cometer es obsesionarte con tus objetivos y proyectarte en tus referentes hasta el punto de construirte una vida que tú mismo no eres capaz de asumir. Que no quieres asumir. Esto acaba indefectiblemente en fracaso.

Móntatelo fácil, no difícil.

Y igual que antes, si haciéndolo así no salen los números, te buscas un curro fácil y relajado y a otra cosa.

Yo controlo. Lo dejo cuando quiera

Hace poco mi socio y yo compramos una parte de nuestra agencia a un tercer socio que teníamos, recuperando el control total de la sociedad y de su rumbo.

Fue una decisión necesaria para reconducir una situación insostenible creada por diferencias de criterio irreconciliables en cuanto a cómo llevar el proyecto.

Así que como digo, era inevitable. O casi. Porque, la verdad, mi primera reacción no era buscar comprar su parte.

Era venderle la mía. Salir de ahí.

Quitarme de encima todos los marrones con cuatro clics en el AutoFirma.

La sensación era embriagadora. ¿Los proyectos retrasados por culpa de la inestabilidad interna? Su problema. ¿La viabilidad económica a largo plazo? Su problema. ¿La estrategia de marketing para el próximo ejercicio? Su problema.

¿Los clientes enfadados, la deuda técnica, los proyectos legacy infumables y el backlog infinito de marrones pendientes?

Su puto problema.

Así que cuando finalmente cerramos la negociación, compramos su parte y pasamos página, la sensación fue, por decirlo finamente, agridulce.

Porque poder colgar la corbata y decir "ahí os quedáis, nos vemos el los bares" es un lujo. Un lujo que yo tenía en aquel trabajo. No había paro en mi sector y sabía que a la que no me cuadraba la cosa les decía hasta luego. Y así lo hice, de hecho.

Esta potencial libertad es enormemente relajante.

Cuando tienes tu propio negocio, no es fácil tener esta opción. Mi conclusión: Debes intentar acercarte tanto como sea posible.

Rehuye de los deadlines y de los compromisos. Busca modelos de negocio donde puedas organizar tu propio tiempo.

Automatiza y delega. Cuanto más lo hagas menores serán las consecuencias cuando te dé por irte a una cueva en Bolivia a hervir peyote.

Construye productos y servicios lo más pasivos que puedas. Si te gusta la formación, no hagas clases particulares, graba vídeos y vendelos online o céntrate en un par de formaciones grupales al año.

Si eres bueno escribiendo software, crea tus propios productos en lugar de sólo programar para otros. O mejor, haz las dos cosas. Véndele un desarrollo a medida a alguien y reaprovecha lo que has aprendido para montar tu propio producto.

Cuando vas por libre puedes construir tu realidad laboral a tu gusto. Esa es la gracia de ir por libre.

No te construyas tu propios grilletes. No te hagas esclavo de tus propias decisiones.

Para eso, sé esclavo de otro y así que te pague todo los meses y se coma todos los marrones él.

Concluyendo

Paro ya, que me vengo arriba. En resumen, a mi en la vida lo que me gustaría, así de primeras, es ser un junior developer sin responsabilidad. Que me paguen por hacer mis cosillas y que se encarguen otros de los marrones.

Pero cuando hurgo un poco me doy cuenta de que no es verdad.

Y si estás leyendo esta newsletter tal vez te pasa lo mismo.

Lo importante aquí es ser consciente de la decisión que estamos tomando. Entender que como empleado estarás siempre más protegido, cobrarás más, cotizarás más, podrás cobrar el paro, tendrás vacaciones pagadas, no tendrás que comerte los marrones de llevar una empresa y podrás desarrollar tu oficio con los menores dolores de cabeza posibles.

Y podrás enviar a la mierda a tu empresa si se te hinchan las gónadas.

Si vas por libre, no. Por tanto, tiene que compensar. O al menos debes minimizar la parte negativa para que no ensombrezca completamente a las partes buenas.

Una forma buena de determinar cómo construir tu negocio es fijarte en qué hace tan atractivo un trabajo para un tercero sin estrés ni responsabilidad. Y esto es lo que hemos hecho en este artículo.

Aquí lo tienes destilado en un checklist.


  • Plantéate objetivos razonables para cada día. Acaba cada jornada satisfecho con lo que has logrado hacer.
  • No planifiques más horas de las que harás con ganas. Sé realista e incluso conservador.
  • Trabaja en lo que te gusta y en lo que se te da bien. No te salgas de tu zona de confort si no estás preparado a dedicarle horas a la transición.
  • No aceptes responsabilidades que no quieres o puedes cubrir. Huye de burocracias y organizaciones complejas.
  • Automatiza, delega y simplifica. Hazte prescindible. Construye fuentes de ingreso pasivas.
  • Desconecta tus ingresos de las horas que metes al trabajo.

Si logras estos objetivos, te habrá valido la pena.

Si no, serás igual de desgraciado que los demás pero además se te quedará una pensión de mierda por haberte tirado cuarenta años malviviendo y pagando la cuota de autónomos mínima.

Nos leemos pronto.

PS: Yo ya llevo desde 2015 y todavía no me ha valido la pena. Habrá que hacer algo, ¿no?