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Vivir del cuento 9 - Cómo sobrevivir a una mudanza
Esta edición es 100% tonterías y 0% información. Avisado estás. Nota: Archivo Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el...
Esta edición es 100% tonterías y 0% información. Avisado estás.
Nota: Archivo
Este texto forma parte de la primera temporada de la newsletter "Vivir del cuento y no morir en el intento". En diciembre de 2022 Revue, el servicio que alojaba la newsletter, cerró. Lo conservo aquí como archivo histórico.
Son las 22:18. Es martes.
Mañana miércoles a las 8:00 llega un camión para llevarse los trastos de la mudanza.
Llevo todo el día haciendo cajas. He comido microplásticos cortando el celo con la boca como para forrar el sofá.
Me duele un brazo. No sé ni como me he hecho daño.
Ah, y lo peor.
Todavía no he escrito la newsletter.
A ver qué me invento.
Sólo puedo pensar en la jodida mudanza.
Ocurrió en Renania del Norte - Westfalia
Nordrhein-Westfalen pa los amigos. Alemania, vamos.
Era un cálido 17 de Junio allá por 2011. Viernes, para ser más exactos.
El escenario: una residencia universitaria.
La energía: es viernes y estoy en una residencia universitaria. No hace falta comentar mucho más. Hoy se lía.
Me levanto, y abro la puerta de mi dormitorio con la energía del que va a comerse el mundo. O, al menos, comerse unos palitos de esos con sal pegada entre cerveza y tequila a cincuenta céntimos.
¡Sorpresa! ¡Plot twist! Hay un papel en la puerta, pegado fuera.
¿Será una declaración de amor? ¿Una amenaza de muerte? ¿Un folleto de un kebab?
¡No! Es un recordatorio. Te lo traduzco:
"Muy señor mío, le recuerdo que como se va usted de la residencia la semana que viene, pasarán el lunes a revisar su habitación para ver que no hay desperfectos ni cadáveres en las paredes y tal cual Pascual"
Y tu dirás, pues vaya, menudo drama, que te vienen a mirar la habitación, a saber cómo la tendrás para que lo cuentes ahora aquí, so guarro.
Pero no, el problema no era la visita. Era que en teoría a mí me quedaba allí mes y pico.
Y esta gente me estaba echando en una semana.
Esto debe ser un error, claro está. Voy a revisar el contrato.
Reviso el contrato.
Su puta madre. Está mal. Voy a tener que dormir en un cajero.
Era el momento de calcular opciones. Lo primero, intentar resolver la situación. Me pongo en contacto con la administración de la residencia.
Les explico: el problema había sido que yo retrasé un mes mi estancia, empezando en octubre en lugar de septiembre, y asumí que habrían movido también la salida un mes adelante. No era el caso. Pero evidentemente todo era un malentendido. Habría solución, ¿no?
No. Son alemanes. "Haber estudiao", que suelen decir. A la próxima te fijas bien.
¿Y otra habitación en la residencia?
No hay. Las preinscripciones son en no sé qué mes. Sin excepciones.
Vale. ¿Dónde caigo muerto? Dormir seguro que alguno de mis amigos me dejaría un hueco. Pero todos están en microhabitaciones de residencias. ¿Y los trastos? Además, es un mes largo. No es sostenible.
Tengo que buscar piso.
Un fin de semana para buscar piso
Abro las webs típicas de compartir piso en Alemania y me pongo a ello. Hola, soy un pobre desgraciao que está a días de dormir en una caja de nevera debajo de un puente. Dame techo, o al menos algo de suelto.
La gente está de verano y pasan de mis mierdas. Y en fin de semana más.
Van pasando los días, voy empaquetando los trastos en cajas (flashback) y rezando por encontrar algo.
Al final, una respuesta. Tienen una habitación libre. Me tiro al cuello.
Voy a ver el piso, pongo cara de persona normal, ji ji, ja ja, todo bien. El piso un poco durillo: el váter (léase la taza, el cagadero) está fuera del piso, en el rellano. No hay cuarto de baño. Entonces, ¿para ducharse? Pues, como es obvio, la ducha está en la puta cocina.
No es coña. Por la mañana me tenía que esperar a que una compañera acabara de ducharse para poder hacerme el colacao.
Pero bueno, que no estaba yo tampoco como para ponerme exquisito así que le suelto el primer mes ahí en directo y me lo quedo.
Ahora el problema es otro: me quedan un par de días para dejar la residencia. Mis amigos están todos estresados con exámenes y trabajos. Yo no, porque soy un puto tirao y no he dado un palo al agua en todo el curso. Pero el caso es que yo soy mucho de intentar no molestar así que decido que me hago la mudanza yo mismo.
Servicio profesional de mudanzas
Como experto en hacer mudanzas disponía de todos los medios necesarios:
- Utillaje de empaquetado, esto es, un rollo de cuerda del chino y cajas de cartón que pillé del contenedor detrás de un súper.
- Medio de transporte homologado, esto es, una bicicleta hecha a base de piezas
robadasreclamadas. Con una cesta detrás atada con cuatro bridas. - El factor humano, esto es, yo en chanclas y con más moral que el Alcoyano.
Pensarás, bueno, no será para tanto, en una residencia tendrías cuatro libros y una maleta de ropa.
Y una mierda. No sólo me traje varias maletas con extremo sobrepeso (una llegó a marcar 32kg en el aeropuerto, pagué una pasta de peso extra).
Además me había ido al IKEA. Y me había pasado el Amazon Prime. Tenía de todo. Una mesita, una lámpara de pie, el ordenador de sobremesa, toneladas de libros, estación de soldadura y un portátil de 17 pulgadas que pesaba como un perro en coma.
Lo llevé todo en la bici. A lo loco.

Imagínate esto pero en una bicicleta
Después de varios viajes por fin vi la luz al final del camino. Había salvado los muebles. Literalmente.
Y la realidad es que el cambio fue para bien. El piso estaba mucho mejor situado en la ciudad y tenía más espacio para acumular mierda del Amazon. Y además, como ya no dependía del contrato de la residencia, me acabé quedando un par de meses más por allí.
Eso sí, estrés pasé pa aburrir.
Va, invéntate una moraleja, a ver
Pues es fácil: a veces, cuando estás metido en una situación incómoda, difícil, pesada, pierdes la perspectiva. Yo, hoy, después de todo el día empaquetando chorradas que acabaré tirando a la basura en quince días, y teniendo por delante escribir esto que estás leyendo, lo veía todo muy negro.
Pero si pienso en aquella mañana de Junio, veo que lo que sudé entonces yo solo, hoy lo he hecho con mi familia. Lo que transportó mi bici-Frankenstein, lo hará mañana un camión con plataforma elevadora. Y el piso al que me voy a vivir tiene el baño en suite, en lugar de tener que salir a cagar a las escaleras en mitad de la noche.
No me puedo quejar.
Cuando levantamos la cabeza de nuestros problemas y lo comparamos con los que otros tienen, o incluso nosotros mismos hemos pasado, muchas veces vemos que no nos podemos quejar.
A veces no.
Pero la mayoría, sí.
Y siendo ya las 23:43 doy por cerrada esta edición de la newsletter y me voy a dormir.

Me voy a meter una pasti de melatonina que no se la salta un gitano
Espero que hayas disfrutado de este relato de mis andanzas juveniles ya que hoy no me ha dado la cabeza para nada más productivo.
Por cierto, la semana pasada comenté que iba a darle caña al Twitter. Pues era mentira, claramente, porque no he escrito nada. Bueno, sí, un Tweet hablando de un pequeño side project que monté la semana pasada. Te lo pego aquí por si te interesa:
Pero el caso es que nada más. Y ahora tengo un dilema. Yo escribo todo en buen Castellano, por aquello de saber escribirlo más o menos decente. Pero, teniendo en cuenta lo difícil que es construir una audiencia.
¿Debería pasarme al inglés?
En la newsletter no lo voy a hacer porque para las paridas de las que hablo me da bastante igual el tema audiencia. Además el nivel de chorradas que me gasto aquí es de difícil traducción. Pero para Twitter igual sí tiene sentido.
¿Qué opinas? ¿Qué me recomiendas? Contesta al email y me dices tu opinión. Porfa. En serio, que no sé qué hacer.
Nos leemos pronto.